El Campo Grande de Valladolid: magia y misterio

El fin de semana me puse nostálgico repasando algún que otro proyecto, de cuando hacía las fotos con mi Leica R4. Aquella cámara sí que tenía encanto. La compré de segunda mano en Andorra, con el dinero que ahorré trabajando en unos populares almacenes del Principado, durante el periodo estival, en mi época de estudiante.

Después de pasearla por todo Valladolid, fotografiando a sus gentes, durante cinco o séis años, al estilo de Cartier Bresson…cambie el registro del instante decisivo, por el encanto del misterio. Conocí la obra del fotógrafo checo Josef Sudek. Con el hechizo de esta máxima: “El encanto está en el misterio” me propuse abordar un proyecto, y el Campo Grande de Valladolid se me antojaba perfecto.

El parque con más historia de la ciudad, enseguida me embrujo. Fui acomodando la mirada y el punto de vista para tomar estas bonitas imágenes de sus jardines con la atmósfera misteriosa y romántica que pretendía. Considere al Campo Grande como una entidad en si misma. Preferí no sacar personas, pero sí otros seres que le dan vida: árboles y animales; y aquellos elementos como sus caminos, fuentes y esculturas que suscitan cierta magia e intriga.

Para ello, como he dicho, me serví de la obra de Josef Sudek como inspiración. En sus composiciones se adivina o vislumbra el objeto, sin llegar a verlo de una manera directa, dando alas a la imaginación. Gracias a este recurso, se ve, el punto de interés de la imagen entre los elementos puestos en primer plano. De esta manera descubrimos de forma más atractiva, mágica y misteriosa lo evidente. Se pierde la fuerza del impacto del cara a cara, pero se juega con el descubrimiento y la  intriga que suscita sumergirse en este tipo imágenes.  Ahora este recurso está de moda incluso en los reportajes sociales. Pero entonces, para mí, fue toda una revelación en el lenguaje fotográfico.

En su momento no sólo fui capaz de construir una estética coherente del proyecto del Campo Grande como “Jardín mágico”. Sino también, adivinaba las posibilidades de un libro en el que las imágenes enriquecieran a un relato. Perdiéndome por sus senderos descubrí con mi cámara como esos misteriosos caminos, innumerables árboles, singulares animales e intrigantes inquilinos… podían muy bien ser los personajes de un cuento o historia al estilo de Edgar Allan Poe. Pero esto lo desestime pues me venía grande. Ahora dejo abierta esta posibilidad para los que escriben de verdad…

 

“Caminos interminables, que el tiempo renueva y la luz desvela”.

 

” Hay árboles sencillos y árboles soberbios. Alegres y tristes. Solitarios y solidarios…hay tantos árboles, todos distintos, todas dan vida.”

 

 

Sus misteriosos habitantes…

 

“Dichoso trance que desvela el secreto oculto de la realidad dormida”.

 

…y como suele ocurrir en los cuentos, la princesa de nuestro “Jardín Mágico” es rescatada.