¿Os acordáis cuando? Fotografías de Valladolid del “siglo pasado”…

No sé que tendrá el invierno, pero a todos nos da un poco por mirar hacia atrás. En mi caso el otro día me puse a ver las primeras fotos que hacía. También es verdad que en estos días he vuelto a pasear con mi cámara. En aquel entonces, cuando la fotografía me apasionaba más que mis estudios de filosofía y solía llevar la cámara a todas partes cargada con mi carrete ilford  B/N de 100 o de 400 ISO. Recuerdo además que mi primera cámara fue nada menos que una Leica R4 comprada  en Andorra en el 1993. Me pasé un verano trabajando en el Principado y pude comprar sí, una leica R4 negra, con un objetivo 50 mm F2. Pero de segunda mano, claro.

El caso es que yo iba más contento que unas castañuelas, con las sensaciones que me trasmitía la citada cámara, fotografiando a las personas de Valladolid. Lo que ahora se llama fotografía en la calle, o como se diga en inglés. Pues desde un principio, a mi lo que me interesaba era y sigue siendo fotografiar a la “persona”. Sigo pensando que la persona humana, cual Leonardo da Vinci, es  el centro del universo. O desde la visión cristiana el centro de la creación y para mí, no hay mejor tema, ni mejor centro de interés.

Recuerdo que claro antes hacer fotos era caro (más para un estudiante como yo) y enseguida me pasé al Blanco y Negro. Me enseño a revelarlo el fotógrafo Manuel Lozano, al que empecé acompañando en sus reportajes de boda en el 93. Los carretes, papel y químicos, los compraba en Novafoto. En el paseo Zorrilla. Chechu, el encargado, me trataba muy bien y a parte de ponerme los precios como si fuese profesional, de vez en cuando me regalaba pelis caducadas que  a mi me venían de maravilla.

En aquellos paseos por las calles de Valladolid, con mi Leica, como todo el mundo que empieza, quise imitar a los grandes maestros. A mi me encantaba, como no, Henry Cartier-Bresson. Tenía la suerte de que en la sala de exposiciones de San Benito siempre han traído exposiciones de primera linea y allí los admiraba una y otra vez. Lo dicho captar a las personas y el instante decisivo, me hechizaba. Salía a ver que pescaba y luego a revelar, a sacar una hoja de contactos de los negativos y alguna ampliación de aquellas fotos que más me gustaban.

Entre todas esas, están estas que ahora os presento. Sobre todo a modo de curiosidad y de recuerdo pues ninguna es un fotón, pero si despiertan con los años la sonrisa, la curiosidad, el recuerdo. Si echamos la vista atrás y miramos estas fotos, podemos comprobar como la gente se manifestaba más en la calle, como aparecieron los primeros móviles, las pesetas en los carteles y de eso no hace mucho (que yo todavía no soy tan mayor).

También aparecen personajes y oficios que parecen de otro tiempo. Lugares y edificios que ya no están…las fotografías son de aquí, pero el paso del tiempo ya no las hace tan reconocibles o tan cercanas. Y sin embargo tan sólo han pasado unos veinte años en el mejor de los casos. Habrá que decir aquello de: ¡Cómo hemos cambiado!. Y por supuesto no soy de los que considera que cualquier tiempo pasado fue mejor, ¡valgame Dios!. Ni mucho menos. Recuerdo que en aquel entonces la ciudad estaba más gris y no era por mis carretes en blanco y negro.