Boda de Raúl y Ana en Robladillo, Valladolid

Siempre alegra que antiguos amigos se acuerden de uno para encargarte un trabajo. En este caso, el encargo para ellos era simplemente, recoger en unas fotografías el día de su boda de forma sencilla. Yo que por experiencia ya no me confío en ningún trabajo, allí me fui con todo el equipo. Ya os podéis imaginar lo que ocurrió, mis expectativas se vieron superadas con creces por la profundidad y calidad de todos los aspectos que pude observar en la boda de Raúl y Ana.

Robladillo que por cierto, está bien cerquita de Valladolid, es un pueblo “coqueto” y con buen “rollo”. Pues como dijo José Luis, el alcalde: aquí no podemos trabajar por construir centros comerciales, pero si, porque haya buen ambiente y se nota. Vaya que si se nota, la naturalidad y simpatía de la gente, empezando por Raúl que el sábado estaba exultante.

Al llegar a Robladillo, la calle del ayuntamiento que une la iglesia con los tres arcos de piedra estaba sin coches, limpia para recibir a la novia, al son de los dulzaineros y que toda la gente pudiera andar por ella cómodamente. Se sentía que la boda de Raúl y Ana, era un acontecimiento para todo el pueblo y como allí se conocen todos, nadie quería perdérselo.

Enseguida vimos a Raúl pendiente de los detalles y de los invitados. Los “Dulzaineros de Pucela” que nada más llegar nos alegraron con su música. La novia, Ana que nada más llegar recibió el cariñoso beso de su hijo Diego. Toda la comitiva de la boda a travesamos las tres arcadas de entrada a la villa, para ir al encuentro de Raúl en el ayuntamiento.

La ceremonia que habían preparado fue muy sentida y llena de Verdad. Nos emocionó a todos las intervenciones tan sinceras y la familiaridad de un momento sin pretensiones en lo externo pero lleno de sentido profundo y sentimiento verdadero. Se hablaba del Amor, del agradecimiento, del compromiso, de la vida. Y los protagonistas Raúl, Ana y Diego sabían que estaban empezando algo nuevo, algo bueno. Toda esta alegría se manifestó al salir bailando unas jotas y recibiendo las enhorabuenas de familiares y amigos.

Las fotos de la pareja querían que fuesen por el pueblo, aprovechando los arcos de piedra y el camino hacia el roble. Por cierto, menudo monumento natural, encima de la atalaya y observando desde la altura a todo el pueblo se podría decir que es un símbolo en Robladillo. Como institución en el pueblo también es el pastor Eugenio que salió a nuestro encuentro por casualidad y nos brindó unas fotos preciosas, muy propias del entorno. Luego volvimos al pueblo para hacer las últimas fotos en la iglesia de Santa María rematada por una bella espadaña de tres cuerpos, del siglo XVI.

Para entonces la gente del pueblo ya se estaba impacientando, pues querían que Raúl y Ana hicieran acto de presencia en el vino español, previsto en el bar del pueblo, ya que les tenían preparadas unas sorpresas y cariño, mucho cariño, en forma de aplausos y vítores.

El resto de la fiesta fue en la Hípica de Valladolid, el día que había resultado buenísimo, nos hizo disfrutar de un entorno precioso, de la compañía y de las ricas viandas. No faltaron los pinchos de lechazo del rebaño del pueblo. Yo que para entonces me sentía ya como uno más de la boda, os puedo asegurar que estaba buenísimo. Para chuparse los dedos… literal.

Entorno al corte de la tarta, se produjeron los últimos discursos por parte de la amiga de Ana y los hermanos de ambos. Abdón, el padre de Raúl, remató fantásticamente este momento con un divertido cuentecillo, que personalizo para la pareja con los propios novios como protagonistas.

Muchas gracias de todo corazón, por haberme hecho participe y testigo de vuestro día y sobre todo de vuestro Amor.