La boda de Roberto y Sonai

la esperamos con especial cariño, atención y curiosidad. A Roberto ya le conocíamos desde hace muchos años, a Sonai natural de Camboya, evidentemente no.

El contexto como os podéis imaginar era totalmente nuevo para nosotros, tratar a Sonai y su familia en las primeras fotos en su casa, era todo un reto. Pero la solución fue muy fácil, cuando todos ponemos de nuestra parte para que las cosas salgan bien,… salen bien. Y aquí tenemos que agradecer a la familia de Sonai su paciencia y disposición. También a Noelia, amiga de los novios, que nos ayudó con el idioma.

Ya en el colegio San José, de Valladolid, la ceremonia empezó con la entrada de los hermanos de Sonai, seguidos de la madre de Sonai y el padre de Roberto, luego Roberto y su madre y por último Sonai y su padrino. En el altar ya les estaban esperando los sacerdotes. La ceremonia presidida por el obispo de Camboya no fue nada solemne y si participativa, alegre y como no, internacional. Pues había amigos venidos de distintas partes del mundo.

Hubo momentos muy emocionantes: el si quiero de los novios, los anillos y el intercambio de arras. Otros muy sentidos y profundos: las ofrendas, la oración sobre los esposos, la paz. Por último destacamos uno muy significativo: el signo de llevar la luz a todo el mundo al que los novios nos invitaron al final de la ceremonia. Además, toda la cerebración estuvo  animada por los estupendos cantos de los amigos del coro.

Después vino el intercambio de felicitaciones, saludos y sonrisas… sin prisas. Las fotos se iban llenando de alegría, recogiendo la simpatía, al participar de un acontecimiento tan señalado.

El claustro del colegio, nos sirvió para hacer las primeras fotos a los novios, mientras  el arroz y los “vivas” se estaban preparando en la plaza de Santa Cruz.

El reportaje de los novios fue fácil y bonito, en un lugar cercano al hotel como es el Campo Grande y la Plaza Colón. Mientras los invitados estaban disfrutando del cóctel.

La entrada en la sala del restaurante fue otro momento intenso, la gente quiso mostrar su cariño a los novios con sus aplausos y los novios les devolvían las gracias, con un espléndido brindis.

La comida dio lugar para un motón de fotografías entrañables, graciosas y documentales de un momento irrepetible. Todo el mundo estaba contento y todos participaban de la misma alegría al ver a los novios. La comida, los regalos, los brindis, los detalles, las risas, el baile, no falto de nada y todo auténtico. No hay lenguaje más universal y verdadero que el del Amor.

Gracias a Sonai y Roberto por confiar en nosotros en un día tan importante para ellos.