VIVAN LAS VACACIONES

Todos los años reservamos un fin de semana sin reportajes, para poder disfrutar de unas merecidas y necesarias vacaciones. Este año quedo libre el segundo fin de semana de agosto. Y si las vacaciones son necesarias para todo el mundo, para mi también, pues desde la campaña de comuniones allá por el mes de marzo, estoy sin parar.

Este año decidimos en casa, cambiar el norte por el sur, los dos años anteriores habíamos estado en las Rías Baixas, y tocaba cambiar. Quien más y quien menos nos hablaba muy bien de Cadiz, así que, aunque el viaje es largo para ir con niños, nos liamos la manta a la cabeza y unas cuantas pelis en la tablet y para allí nos fuimos.

Salimos el domingo 2, por la llamada ruta de la plata, a mi este nombre siempre me ha gustado, además suena muy aventurero y como digo yo, las vacaciones empiezan no cuando uno llega a su destino, sino cuando uno empieza el viaje. Despacito llegamos cómodamente a Cáceres, paramos para comer y dar una vuelta por su ciudad medieval, patrimonio de la humanidad…sin palabras, pero por muy bonita que fuera los grados de calor apretaban y el tiempo apremiaba para continuar viaje. Llegamos a Conil por la tarde-noche, nuestro contacto del apartamento, ya estaba avisado de que llegaríamos tarde.

Fotografías de Verano. Vacaciones en verano 2015_007Fotografías de Verano. Vacaciones en verano 2015_008Fotografías de Verano. Vacaciones en verano 2015_011

 

No voy a relatar todos los días, para no aburriros, pero Conil nos ha gustado. Sus númerosas y extensísimas playas dan cabida a todos los que allí estábamos y os puedo asegurar que eramos legiones. Entre la playa y la piscina fueron pasando los días, y las vacaciones surgieron efecto. Poco a poco uno se olvida de la presión del trabajo, del cansancio acumulado, de la rutina diaria, y rompe psicológicamente, por así decirlo el año laboral. La convivencia familiar durante el año es estrecha y en vacaciones aún más, pero de otra manera. Todo el mundo está más ilusionado y más dispuesto para que las cosas salgan bien. Es un tiempo especial que nos regalamos unos a otros en actividades, entre comillas sin importancia, como hacer castillos de arena, saltar olas, jugar a las paletas. visitar pueblos bonitos, disfrutar en la piscina…que os voy a contar que no sepáis. Y de esta manera, como jugando y disfrutando de las novedades, la vida es más fácil e ilusionante, tanto que los días se pasan volando. Ojala que luego, durante el año nos supiéramos tomar algunas cosas como un juego.

El viaje de vuelta, lo hicimos por etapas, aprovechando que yo tenía que hacer un reportaje de postboda en Cuenca. Primero paramos en Cadiz, vimos la catedral y su entorno, la plaza del ayuntamiento y la Plaza de las Flores y nos fuimos despidiendo del pescadito frito. No os perdáis la subida a la Torre de la Catedral con sus preciosas vistas. A nosotros nos impresiono mucho, al igual que la Cripta enorme, donde vimos el sepulcro de Manuel de Falla.

Después de esta primera parada llegamos para hacer noche en Córdoba, el hotel tenía piscina en la terraza y como no lo habíamos visto nunca, nos dió un subidón y la aprovecamos mucho y eso que ya veníamos remojados. A la mañana siguiente si, ya lo sabéis, tocaba la Mezquita-Catedral de Córdoba. ¡Qué maravilla! que bonito el contraste entre la parte por así decir musulmana y la cristiana. Las dos tienen su encanto, pero la mezcla es “divina”. Ni que decir tiene que en Córdoba probamos el calor de más de cuarenta y en consecuencia mucha agua. La botella de litro y medio era indispensable. Allí nos despedimos definitivamente del pescadito frito.

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En nuestra siguiente etapa, en Cuenca, habíamos quedado para hacer un reportaje de postboda con Eduardo y Raquel que ya conocéis por el blog y en próximas entregas veréis su reportaje en la ciudad de las casas colgadas. No pude resistirme a ver la Catedral y hacer otra muesca en mi cámara. Pero hay amigos, por la tarde fuimos a ver la ciudad encantada. Un espacio natural donde la erosión de los elementos han ido creando caprichosas formas y espacios en las rocas, creando un lugar mágico. Yo que venía de admirar las Catedrales por el ritmo y perfección de sus construcciones, no tuve más remedio que sucumbir ante la sabia naturaleza. Allí no había reglas, ni patrones, ni orden ni concierto y ¡todo era tan bonito!. Vamos que muy recomendable.

Y como todo, el viaje también le tocaba su fin. El último día decidimos parar en Toledo, pues lo niños se morían por ver los escaparates llenos de espadas y yo, por concluir mi periplo por las catedrales. Ya le estaba cojiendo el tranquillo a esta vida de fotógrafo de viajes. Pero el deber manda así que esa misma noche ya dormimos en casa.

De las vacaciones me quedo con tantas cosas: mis charlas con Juana, las paletas en la playa con Álvaro, los comienzos de aprender a nadar de Pablo, ver anochecer en la playa comiendo un bocadillo, la misteriosa atracción a la aventura al ver África desde Tarifa, los boquerones fritos, la sensación de apabullante impotencia al querer meter toda la belleza del mar y las catedrales en mi cámara…lo dicho han sido unas vacaciones estupendas, “posiblemente” las mejores de toda mi vida. No se a quien dar las gracias por estos días pero realmente he disfrutado como un enano.

Ojala todo el mundo pudiera pasar unos días como los míos. GRACIAS.